ESTE FANFIC ES POR KE PIDIERON ALGO DE SASUKE Y NARUTO NOS VEREMOS Y ESPERO KE LES GUSTE ^^
La noche ya había caído sobre el bosque y la luna inmensa si quiera estaba. Andaban a tientas, solo con el instinto.
-No, definitivamente no -se oyó una voz, grave.
-¡Que si!
Sonó un golpe suave contra la oscuridad:
-No hables tan alto, dobe, o terminaremos los dos en líos.
-¡Pero si es lo mejor! -repitió la otra voz, que obligándose a susurrar aún así no bajó el énfasis.
-Naruto, no es tan fácil. No todo será siempre como crees será.
-...
Hubo un prolongado silencio. Los ojos azules de Uzumaki Naruto giraron a un lado, tornándosele de pronto un seño afectado. Sus cabellos claros estaban aplastados, goteando y pegados algunos mechones largos a sus mejillas trigueñas.
-¿A qué quieres llegar, Sasuke? Si no vas a volver, dímelo de una vez y ya te dejo de insistir tanto con lo mismo -su voz se había enseriado. Temblaba levemente entre sus prendas naranja y negro.
Alrededor los arboles se mecieron con el viento frío de aquella noche, zarandeando también el empapado cuerpo de ambos jóvenes. El lago frente a ellos les había salvado una vez más de ser descubiertos por los ninjas de la guardia nocturna, y aunque esta vez Sasuke había sido el que había venido, normalmente el rubio era quien se escabullía por entre las plantas, los solares, los bosques y la luz de la luna para llegar a un rincón donde se podían encontrar, aquel donde se toparon después de tanto.
El Uchiha se incorporó momentos después, también con el cabello adherido a su nívea piel. Vestía una capa negra con broches a un lado para pasar desapercibido y bajo ella una camiseta blanca, de cuello subido, manga corta clásica y abierta hasta mitad de pecho. Los pantalones eran los mismos de siempre. Su katana se sostenía de un cinturón negro en su cadera, ya que no llevaba el shimenawa y su cordón.
Miró unos momentos a lo que era su viejo amigo y rival. Ya había pasado un año y meses desde que se habían encontrado:
"Me había llamado la Hokague. Una nueva oportunidad para mi, cada vez que había una misión nacía otra y otra, nunca perdiendo la esperanza de encontrarlo.
La vieja me dijo que sería una misión en los límites. De hace un año las relaciones con el resto de las aldeas se desgajó un poco por diferencias respecto a qué hacer con Akatsuki, y como eran el afectante número uno para todas las naciones, no hubo modo de remediar la decisión unánime de exterminarles. Konoha no estuvo de acuerdo, bueno, más bien Tsunade no estuvo de acuerdo, pasando incluso por encima de los consejeros. Ella, como yo, seguía confiando en que Sasuke en el fondo no había cambiado, y que aquellas repentinas ideas de meterse con Konoha del teme no eran más que mentiras para manejar a Akatsuki mismo y a Orochimaru. Pienso a ella cada vez se le estaba yendo más la esperanza, pero del mismo modo, la renovaba cuando veía mis ganas... sé en el fondo no ayudó a esa causa sólo por darme más tiempo, sólo por apoyar mis esperanzas, las de Sakura y Kakashi.
Sasuke de un momento a otro se había vuelto un pájaro que volaba a los vanos de Akatsuki tanto como a los de la villa del sonido, junto a Orochimaru, a pesar de haberle traicionado hace poco... A veces me pregunté qué habría sido si de verdad Sasuke hubiese sido otro y yo me pasé tanto tiempo asegurándoles a todos lo contrario, que hubiese sido si de verdad apareciese un día para destruirlo todo con ayuda quizás de quien.
Eso aún lo dudaba hasta el día de la misión, en que lo encontré. Y es que si bien Konoha no estuvo de acuerdo, las demás naciones por su parte si pactaron matarles ayudándose con los ninjas de elite y los escuadrones ANBU las unas a las otras.
Sakura, Kakashi, Sai y yo estábamos en el valle del fin. Vaya lugar al que había tenido que volver, pero quisiese o no, era el límite con el país del sonido. Este último fue blanco de todas las naciones por tener insinuaciones bélicas y por haber sido visto a un Akatsuki hablando con su gente. El otro punto era la zona de la base de dicho grupo. Nuestra misión y la de otros equipos era mantener la batalla plena entre ninjas del sonido y de otras naciones, limitadas respecto a Konoha: que nadie cruzase a nuestros territorios. Así esperé, estando al otro lado del valle del fin. Desde un risco, todos vimos la beligerancia campante desde altura tras instalar trampas e hilos que indicaran presencias ajenas en una gran extensión de territorio. Más allá el trabajo era de otro equipo y así, hasta cubrir toda la línea de límite entre nosotros y el sonido.
Hubo un momento en que dos inmensas invocaciones se presentaron, una serpiente y un rocoso armadillo que expulsaba destructivas ráfagas de viento por la boca. Era la invocación de otra nación, que terminó por acabar con el reptil y toda cimentación visible. Inició la evacuación de los del sonido, y al ser aislados por el monstruo vinieron justamente a donde no debían: el país del fuego. Estaba ansioso, sabía que por entre todos ellos podía venir Sasuke. Comenzaron a ser incontables los contactos con las trampas, hasta que cayendo el atardecer la invocación de la tierra se dirigió hacia nosotros a gran velocidad. Vimos un grupo pasar, cayendo entre las trampas, y mientras mis compañeros atinaron a detener a los pocos que las habían esquivado, vi saltar por sobre nuestras cabezas y a gran altura una figura, quien era sabía que a tal elevación estaría a salvo. Era él, justamente al que estaba esperando...
Sin previo aviso me separé, corriendo con toda mi capacidad. La bestia limpiaba el territorio aún del sonido con sus patas, avanzando hacia los que arrancaban; entonces fue cuando una gran serpiente azulina surgió, y me extrañé de que esta última parecía usar su longitud para formar una gran pared, cerrando disimuladamente en medio de su batalla el paso hacia el Valle del fin y mas allá Konoha. Busqué por todos lados, la cobra acababa de recibir un golpe y se arrastró por el bosque con el impacto. En vista del peligro subí un viejo árbol más alto que el resto y en la muesca de uno un poco más allá le encontré, apoyado en la corteza interna de éste y presionándose un brazo de espaldas a mí. Mirando alrededor para que mis compañeros ni nadie me viese me acerqué metiéndome dentro. Apenas le toqué el hombro se volteó increíblemente rápido, dándome un puñetazo bien puesto con su brazo bueno. Con la alegría de verle no pensé mucho lo que hacía, claro está...
-¡Sasuke! -le grité con la cara contra la corteza de la gran rama a la cual fui a dar... eso había dolido.
Él me miró un momento, deteniéndose de sacar su katana con la cual pretendía acabarme. Estrechó los ojos, como intentando ver bien, hasta que los abrió apenas unos segundos de nuevo.
-Naruto... -dijo bajo, pero en seguida pareció mareado y oscilándose tuvo que apoyarse en la rama base.
Le observé, poniéndome de pie de un salto para ayudarle a sostenerse. Por lo visto no me había reconocido de inmediato porque estaba realmente herido, y al mirarle a los ojos vi que estaba próximo a perder la conciencia.
-Sasuke, ¿estás bien?
Él entonces se alejó, rechazándome.
-Si... -más bien musitó, impregnado su tono de dolor mientras se presionaba el abdomen-, tú de nuevo... ¿no deberías... estar abajo?... ayudando a deten... -quiso decir uno de sus comentarios odiosos, pero no le dio para hacerlo porque le tuve que agarrar otra vez.
-Ya vas de nuevo -le dije, apresándole el brazo bueno al cual intentó dar fuerza para zafarse de mí una vez más-, quizás tengo suerte de pillarte en estas.
Él entonces me miró con mala cara, sin embargo, un poco de sangre le provocó toser haciéndole poner una expresión adolorida. El cómo estaba ahora no tenía nada que ver con esa imagen invulnerable de la última vez... verlo así de herido fue...
-Estoy... bien, torpe... debo irme... y ya deja de... buscarme de una vez...
No pude evitar sentir algo de punzadas al oír esas palabras de nuevo. Aún estando así no cambiaba su postura, no había caso de hacerle entender, incluso sabiendo que sin mí por fuerte que fuese no se salvaría fácilmente de esta.
Un agudo silbar de la serpiente azulenca nos hizo voltear: una ráfaga de viento le había cortado parte de la cola. Sasuke se levantó enseguida, usando nuevas y escazas fuerzas para ver mejor que había pasado.
-Tsk... demonios... -susurró por lo bajo, pero le oí. Miré unos instantes la gran víbora, viendo como seguía luchando al tiempo que empujaba una y otras vez con los fuertes músculos de su cuerpo al armadillo hacia los territorios del sonido.
-Sasuke... -le hablé cuando me aseguré-, tu... tu...
Él me miró, entendiendo enseguida, como siempre.
-Serás idiota... que... tsk... hacer tal estupidez... ¿para qué? -dijo, poniendo una débil sonrisa sarcástica, de esas características de él a pesar de que le dolía hasta hacer eso.
De pronto un gran impacto resonó y mas allá tres explosiones. Una gran ventolera me sacudió, aferrándome fuerte a la rama mientras Sasuke se apoyó contra el grueso tronco para evitar el arrasar tras él. Pasó y el armadillo recibió un golpe que le hizo rodar directo hacia nosotros. Me puse de pie enseguida y corriendo hacia Sasuke le agarré por la cintura en el momento exacto en que el árbol sobre el cual estábamos fue arrancado de raíz. El lugar era ya excesivamente peligroso y al aterrizar en otra rama me di cuenta que él ni fuerzas tenía ya para soltarse de mí, aunque las palabras de dejarle no paraba de repetirlas con unos insultos a media voz. Una herida estaba desangrándole, la que se presionaba en el abdomen, y por lo visto la había pasado a llevar al cogerle aumentando la abundancia de sangre. En vista de eso no lo subí a mi hombro y sólo le tomé en brazos, escapando de las ventoleras por entre la copa de los árboles hasta llegar al Valle del fin. Vi en el camino a muchos ninjas de Konoha acorralando a civiles del sonido -muy, muy pocos de por sí-, quienes más tarde serían seguro liberados tras un tiempo de interrogatorios en cautiverio. Una vez que pise la orilla de la cascada, Sasuke ya no estaba despierto. Bajé hasta los pies de las estatuas y pidiendo la ayuda de Gamabunta abrí una pequeña cueva tras la cascada.
-Veo te estás metiendo en líos, Naruto -me dijo el gran sapo a un costado-. Entiendo se trate de Sasuke, pero si te ven ayudándole meterás en líos a toda Konoha y a ti mismo.
-Lo sé -le contesté-, Sasuke es un gran problema y más ahora, pero es mi amigo, sabes lo he buscado por mucho. Ni tu ni nadie me convencerá de dejarle así como está.
-Lo tengo claro, por eso te advierto -Gamabunta sacó un bote tamaño humano de su inmenso bolsillo, echando en él un poco de aceite de sapo-. Te servirá para sus heridas. Nos vemos, si es que no te matan junto con el Uchiha.
-¡Gracias! -le dije, apurado porque Sasuke ya se moría. Vi a Gamabunta voltearse listo para desaparecer, pero antes de eso me habló:
-Y no necesitas hablar de amigo, a mí no me engañas: sé muy bien que no se trata tan solo de amistad, sientes más que eso, Naruto, por eso me asusta qué puedas llegar a hacer -y vi explotó la voluta blanca, desapareciendo el inmenso sapo-... y no creas soy el único que está seguro de ello...
Me quedé oyendo la voz que en un susurro dijo lo último. Sé mi cara se puso roja hasta más allá de las sienes, pero lo primero era lo primero y entrando en la cueva con el bote colgando de dos dedos terminé por recostar a Sasuke en el suelo. Mientras le quitaba las manchadas prendas pensaba una y otra vez en lo mismo: estaba conmigo, por fin. La última vez que lo había visto había sentido tanta derrota al no poder llevarlo de vuelta, que esta vez... no, fuese como fuese lo convencería.
Limpié sus heridas: las lavé con el agua de la cascada, las cubrí con aceite tras coser lo necesario y le vende. Luego enjuagué su camisa en la cascada y también el shimenawa que llevaba en la cintura. Recién entonces me agaché para sentarme, usando la Katana de Sasuke contra el suelo para apoyarme. Muchas cosas pasaron por mi cabeza en esos momentos, incontables recuerdos vinieron a mi mente, incluyendo cuando luché ahí mismo con él. Desenvainé la katana, viendo la extensión de su filo manchada de más que sangre. En esos momentos sentí tristeza... y me pregunté si alguna vez Sasuke la habría usado tan sólo por el gusto de hacerlo, me pregunté... si acaso era en todas sus palabras un asesino traicionero o si solo mataba porque lo ameritaba, así como yo hacía.
Tuve el impulso de limpiar el arma, pero seguro me acababa con ella misma cuando despertase por haberlo hecho. Me inquirí también si esta vez tendría la misma intención de la última vez de acabar conmigo. Lo observé un instante, ahora no era ni la mitad de la imagen de él que tenía: fuerte, pasota, engreído, aparentemente indestructible y que da miedo a todos menos a mí, hn. Ahora estaba allí, pálido, con una expresión de marcado dolor y vulnerable para cualquiera... definitivamente inconsciente o dormido era siempre agradable. Era mi compañero. En ese momento le coloqué una mano en la mejilla y entonces él reaccionó. Instantes después estaba despierto, pero no del todo, se notaba más que agotado: no tenía chackra y sabía perfectamente bien por qué.
-¿Estás mejor? -le pregunté. Él idiota si quiera me respondió, sino que miró alrededor ubicándose para luego sentir la gaza en las partes de su cuerpo.
-Joder... -dijo con la voz menos impregnada de dolor que en el bosque-, me vendaste... desde que te conozco nunca prestas atención a lo que te digo -si, tenía que ser un reclamo, y no solo eso, también fue cortante. Le vi sentarse costosamente, siéndole imposible guardarse la expresión de dolor.
Aún así yo me reí contento de estar con él.
-¡Tú serás el idiota, ¿de verdad pensaste te dejaría allá?!
Entonces él miró a otro lado.
-Ya deja de perseguirme, Naruto -dijo, frío, como la última vez que le vi-, no necesito tu ayuda.
Se paró mi risa y hubo un silencio en que pensé como reaccionar a esa acidez que parecía desde que se fue, inquebrantable.
-Sí, claro -dije, volviendo a reír, pero el volteó, enfocándome con una de esas miradas impacientadas que le vi cada vez que luchamos en serio.
-¡No estoy bromeando! -y levantó la voz, haciéndome acallar la risa definitivamente-. Te lo dije la última vez, no dudaré en matarte sino dejas de interferir y buscarme -terminó, poniéndose de pie apenas.
Algo dentro de mí volvió a punzar, pero también sentí enfado. Siempre, desde que le conocí, había comprobado una y otra vez que era difícil tratarlo, seguro como él también me encontraba a mí, pero aún lidiando con eso mil veces no le dejaría ir, no de nuevo.
Sin ponerme de pie sonreí un poco, con una irónica tristeza.
-Ya veo, seguirás con lo mismo... -dije, viendo como tomaba su ropa ya casi seca de donde la había puesto, comenzando a colocársela-. Eres un estúpido de los grandes.
Sasuke se detuvo volteando enfurecido, pero pareció controlar la voz fuerte que iba a salir de su garganta cambiándola por apatía:
-Como si me importara lo que piensas de mí.
Entonces se acercó, para tomar la katana que tenía en mi poder. Sentí dolor, esa punzada ya no solo estaba en mi pecho, había ya avanzado hasta mi garganta y se abrían paso sus consecuencias hasta los lagrimales de mis ojos. Bajé la cara, aguantando, y cuando él quiso quitarme su arma la mantuve con fuerza, sosteniéndola.
Sasuke pareció perder la paciencia.
-No me provoques, suéltala -me amenazó, con un tono casi intimidante.
No quise, no quería, pero entonces exploté, mi arrebato se salió de mis manos y me levanté de golpe, sacando la katana del envaine que fue lo que quedó en la mano de él.
-¡Ya deja de ser tan hiriente! -le grité con mi cara frente y muy cerca de la suya-, ¡deja de decir una y otra vez lo mismo, Sasuke! ¡Deja de mentirte alguna vez!
Sasuke me miró inexpresivo, pero su silencio me demostró que no se esperaba reaccionase así. Vio mis ojos unos segundos más y sonrió de medio lado.
-Sigues tal como siempre, usuratonkachi -dijo escuetamente, y aunque por segundos oír esa ofensa que durante tanto escuché en su voz provocó se humedeciesen mis ojos, el ver no conseguía de nuevo más que esa presunción no dejaba de darme más y más rabia... y tristeza.... "
El viento corrió de nuevo, enfriando aún más el cuerpo de ambos al lado del lago. La luna apareció tenue por entre las nubes, a penas dando un claro débil al pasto alto en el que estaban. El rubio estrechó entonces la mirada, esa jodida punzada... Se llevó una mano al corazón, apretando la ropa. A veces perdía la esperanza, no porque su amigo hiciese una cosa o la otra, sino porque le daba la impresión no se sentía... lo que él esperaba.
Los grillos cantaban monótonamente por entre el silencio de ambos. Medio kilómetro más allá estaba el Valle del fin, donde se habían peleado hasta para matarse y lugar que después se convirtió en un rincón que los unió de nuevo.
Uchiha Sasuke soltó un respiro cargado.
-Naruto... -le llamó con su habitual tono-, debemos ir con cuidado, que regrese así como dices es un método demasiado brusco, entiende eso.
El aludido siguió de espaldas.
-Mira cuanto tiempo ha pasado -dijo como en una repentina ausencia afligida-... Sasuke, no quieres volver ¿verdad?...
Y corrieron unos segundos de silencio.
-Yo... -dijo apenas el otro, pero cuando intentó contestar algo más le costó.
-Sí, es eso...
-No... yo, si... -murmuró bajo Sasuke, observando a un lado-, si lo... quiero.
-¿Y entonces por qué no lo haces y ya? Hablé con Tsunade, se arreglará todo. Las cosas ya están más calmas, Akatsuki ya no está... y tú mismo...
-Lo sé -le interrumpió el de ojos negros- pero no puedo volver, no aún.
Naruto calló un momento y volteó repentinamente, mirándolo enfadado.
-¡¿Y por qué?! ¡¿Qué mierda te falta?!
Sasuke le observó unos momentos sin ninguna reacción a ello: inexpresivo. ...Siempre había sido así después de todo... es decir, casi siempre:
"Naruto en ese momento perdió la calma igual como ahora lo estaba haciendo.
Definitivamente había cambiado poco o nada en los tres años que no le había visto más de diez minutos. Y apenas acababa de decirle que seguía tal y como siempre cuando con mi propia katana me amenazó, empujándome hasta acorralarme contra la pared de la cueva.
-¡Sasuke! -me gruñó, y levantando a Chokuto la enterró en la roca justo sobre mi hombro y al lado de mi cabeza. Me miró fijo, agudizando- ¡que acaso no te das cuentas! ¡¿De verdad no te das cuentas?!
Me tomó por el cuello de la camisa, él sabía muy bien que no tenía ni pisca de chackra para usar el Chidori nagashi ni ninguna técnica que lo requiriese.
-¡Tienes sentimientos todavía y lo sabes! ¡En alguna parte tienen que estar! -y se acercó aún más a mi-, ¡sé quieres volver, ya mataste a Itachi, deja de engañarte de una maldita vez! -continuó gritando e iba a seguir. Lo hubiese dejado sin prestarle atención si no fuese porque sí... porque él tenía razón: había matado a mi hermano, me engañaba a mí mismo, tenía sentimientos porque seguía siendo humano y... y quería en cierto modo y sin saber por qué, volver a Konoha. De a poco comenzaba a botar la barrera que me había hecho especialmente para él, para que singularmente Naruto no llegara hasta mi yo verdadero con las palabras que sabía cada vez me encontrase me diría: Él era el único que podía lograr tocarme.
También le tomé por la prenda, cubriéndome tras mi testarudez.
-¡Ya deja de decir tú más bien lo mismo! -le grité-. Me tienes harto, en mi no hay nada de lo que piensas; ¿para qué diablo crees querría regresar a Konoha?, ahí no hay nada que me sea útil, ya te lo dije, si quiera sé que haces perdiendo tu tiempo conmigo, ¡¿Si no te digo yo mismo que no me interesas ni tú ni nadie de Konoha a quien mierda le vas a creer?!
Y al decir eso, por dentro me amparaba a mí mismo. Verle frente a mis ojos, aún enfadado a ese grado, algo extraño hacía en mí. Cada vez que me encontraba era así, y aunque mi entrenamiento en esos años había incluido el contrarrestar cualquier palabra de Naruto, una vez más, en el fondo no funcionaba.
Entonces le hice a un lado, tomando a Chokuto. Apenas él intentó acercarse de nuevo la extendí, quedando la punta en su yugular.
-Ya te advertí -le repetí una vez más, igual de severo-. Y si quieres pruebas solo espera un poco más, porque destruiré todo Konoha, la haré añicos contigo amarrado donde veas cada cosa que haga si así lo deseas para convencerte -le observé con frialdad, y aunque pareció vacilar un momento enseguida su mirada tomó fuerza otra vez:
-Tu... -dijo incluso avanzando un poco, enterrándose la punta de la katana superficialmente en su cuello-, te hubieses ya largado hace rato sin escucharme, pero fuiste quien invocó esa serpiente, por eso no tienes chackra ni para evitar te joda con mis palabras ¿no?
-Sí, ¿y qué? Lo sabes hace rato, sino no te hubieses acercado siendo consiente puedo darte una descarga.
Él tomó con su mano desnuda la hoja, cortándose un poco. Su cuerpo temblaba colérico y gruñó un poco.
-¡No te hagas! -vociferó- ¡Entiendes muy bien a qué me refiero! ¡Sabes la invocaste para resguardar Konoha, le ordenaste mantener lejos la otra bestia hasta el final!
Le miré unos instantes. El tiempo le había hecho igual de explosivo, pero captaba todo considerablemente mejor que antes. Aún así me sonreí de medio lado, tratándole como un estúpido:
-Veo de verdad quieres te mate -dije, pero apenas lo hice él corrió la hoja a un lado y me dio un puñetazo que me hizo caer al suelo. Me gustase o no, estaba demasiado al límite para evadirlo, si quiera le enfocaba bien estando él quieto.
-¡Si lo hiciste! ¡Y no me importa si te duele, yo mismo te curé!
En ese momento me enfadé, porque en su defecto había dolido.
-Sí, claro -sonreí sarcástico, disimulando que no me podía levantar- nada de ti me lastima, sigues tan débil como la última vez, preocupándote más de mí que de volverte fuerte.
Naruto dijo mi nombre entre gruñidos y me dio otro puñetazo contra el suelo, acercándose para sentarse sobre mí. Tomó gran cantidad de aire, furioso:
-¡Mentiroso! ¡Eres un maldito mentiroso! ¡Sabes que no es así, sabes quieres volver! ¡Si te importa Konoha y muchos de nosotros, no hay otra razón para que gastases lo último de ti en protegernos! -y su voz se quebró, sintiendo yo, de pronto, algo en mi garganta-, ¡No hay otra razón para hacerlo sabiendo estarías vulnerable para cualquiera y todos tus sueños de ciego se irían a la mierda de igual forma! -y me dio otro golpe más. Pude ver entre medio como sus ojos se rebalsaban de lágrimas y entonces algo trepó por mi pecho- ¡Somos todos tus amigos, acéptalo de una vez!, ¡Si tienes lazos, yo soy un lazo para ti!... ¡Soy tu mejor amigo, Sasuke! ...Por favor... ¡reacciona de una maldita vez!
Entonces me golpeó tres veces más, seguidas. Mi cabeza quedo mirando directo hacia él al volver ésta del último impacto, y se me movió todo, se me nubló la vista aún mas sintiendo con el peso de Naruto como algunas heridas volvían a ceder una hemorragia. Pero... mi pecho se apretó, también había sacudido mi interior, con esos golpes no solo había desmoronado mi barrera, sino que también la pisoteó. Me llené de rabia y si quiera por haber recibido los puñetazos suyos, fue más bien porque no pude retener mis lágrimas que salieron de a más de una: con apuro. Le vi encima de mí por entre medio de ellas y mis cabellos, con los parpados fruncidos y apretando mientras sus gotas comenzaron a caer sobre mi pecho a montones. Se llevó uno de sus puños para secarlas, sollozando ruidosamente. ...Por momentos me sentí definitivamente perdido, agotado del todo, sin fuerzas para tomar control de mí: quince años y en estas, me dije.
Hubo un silencio donde sólo estaban sus lamentos, hasta que entreabriendo sus ojos azules me enfocó de nuevo, dándose cuenta.
-Sasuke... -susurró él cuando me vio con mis orbes rebalsándose- ... esas son...
Era idiota o se hacía... ¿qué más podían ser? Me volteé a un lado, sin poder mover mi cuerpo para quitármelo de encima y salir de una vez de ahí, pero él me agarró la cara y me obligó a mirarle. Le observé un instante, viendo como volvía a llorar sin quitarme el ojo. Verle así peor me ponía y cuando quise tomar aire porque aguantar el llanto me hacia respirar irregular, intenté voltear de nuevo, pero no me dejó.
-Nunca te había visto tan, tan así... -me dijo, apartándome cabellos de la cara para verme mejor. Seguro era la mejor faceta mía que podía ver, la que recordaría cada día. Si lograba escapar de algún modo no habría vez que no me lo sacase en cara para botarme el temple de nuevo.
En ese momento no me vi solo débil de cuerpo, sino que también de alma; me encontré demasiado transparente, tan fácil y descubierto que sentí retraimiento de que me mirase así.
-¡Ya déjame! -le grité, sin poder controlar mi tono que salió desafinado. Me di fuerzas e intenté levantarme, pero aún encima mío él me tomó de los hombros y me estampó contra el suelo con fuerza: definitivamente no le importaba si estaba herido.
-Olvídalo -dijo. Creí por instantes que algún fluido de su nariz terminaría en mi cara porque no dejaba de lloriquear como un crío, y yo no me quedaba muy atrás por mucho que no me gustase-. ¿Ves que si sientes? ¿Ves que tengo razón? Siempre supe... que no me equivocaba... siempre supe que no habías cambiado... Sasuke... sigues siendo el mismo... mi compañero... mi amigo...
Y aunque puse mucho en detenerlo, más aumentó mi llanto al oírle... Y es que si... seguía siendo su amigo y compañero, nunca había dejado de serlo y solo me lo negaba, lo escondía a todo el mundo, pero en el fondo sabía que nada había cambiado, nunca.
-¡Mentira! Te equivocas, yo... me desharé de Konoha -y apenas intenté decir esto, se me desafinó la voz de nuevo- ¡Déjame ir de una vez, lo destruiré todo ahora mismo! ¡Sal de encima de mí, idiota! ...demonios -ahí me sentí dominado del todo al tener que exigírselo así- ...No soy lo que tú crees, ya te dije usuratonkachi... No soy tu amigo... -y estuve así un buen rato, pero mientras más decía, mas lágrimas salían, hasta el punto que la expresión de llanto no la pude guardar y salieron gemidos que mi pecho ya no contuvo al exigir un respiro... el dejar escapar- ...no soy nada tuyo,... ni de nadie... solo está... acabar con mis venganzas...
-Mentira... -dijo él, y entonces sonrió entre medio de sus sollozos-, soy algo tuyo... y lo sabes bien, tu cara me lo dice, solo mira como estas... si, invocaste esa serpiente por protegernos...
-No lo hice, esa es idea tuya... ¡idiota!
-¡Si lo hiciste, no lo niegues!
-Si serás... Naruto... -y mas lloraba... era incontrolable y embarazoso. Quise tapar mi rostro con las manos, pero entonces me encontré con mis músculos derrotados que no me obedecían.
Después de cuarto de hora en que él lloraba entre medio que reía, comenzó a llegarme un pesado agotamiento sin tener fuerzas para contenerlo. Creo ya no le contestaba ni levantando la voz ni en el tonillo normal, solo susurraba, cada vez más lento, y él me volvía a debatir y yo le contestaba de nuevo, con los ojos entrecerrados y con las mejillas adoloridas de los puñetazos, con las heridas pegadas a la prenda bajo el trasero de él pero ya sin sangrar casi nada de tanto tiempo que estuvo ahí. Hasta que finalmente mis ojos se nublaron del todo, viendo el rostro de él cada vez menos claro, pero sonriendo, con los ojos rojos y la cara empapada... se oscureció todo, sin darme cuenta cuándo me quedé dormido..."
CONTINUARA ......